Nueva canción

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Autor: José E. Ortoneda Sánchez


Mis mayores decían siempre: “Lo bueno hay que aprenderlo así sea del perro, lo malo ni de la mamita”.

En los actuales momentos, cuando se está generalizando el dar malos ejemplos, sería bueno recordar las cosas buenas que nos han inculcado desde temprana edad en nuestros hogares, para practicar esos buenos ejemplos y consejos que tuvimos el privilegio de  tener y, de esta forma actuar correctamente frente a todas las eventualidades que nos presente la vida.

Para no practicar actos de corrupción y no ser catalogados como corruptos, es necesario ser realmente valientes y honestos; pues, quien calla y no denuncia un acto ilegal, es tan culpable y cobarde con su silencio celestino como quien lo comete.

Todas las personas, como seres imperfectos que somos, podríamos ser tentados por algo o por alguien y podemos comenzar a corrompernos de forma física, mental o espiritualmente, pero jamás se puede aceptar el decir que hemos sido obligados a hacer tal o cual cosa prohibida, porque nadie obliga a otra persona a realizar lo que no debería hacer, todo depende de uno mismo; pues, todo estriba en nuestras conciencias que nos permite discernir y distinguir entre lo correcto y lo que está mal. No podemos ser inducidos en ninguna manera si no lo permitimos.

Se escucha en todo lugar, denigrar a las personas, familiares o prójimo, por cualquier pretexto, ya sea por ser pobres o adinerados, porque hicimos algo o lo dejamos de hacer; se lanzan epítetos hirientes o calificativos despectivos o reprochables porque no se aceptan propuestas indecorosas, porque no se acepta una copa de licor a tempranas horas de  la mañana a un grupo de vagos o drogadictos y viciosos, quienes se las brindan y exigen que las acepten, sin darse cuenta de que más hombre es quien lleva los pantalones bien puestos para con valentía rechazar lo que no quiere y lo que otros aceptan como borregos, aún a costa de su propio perjuicio y por miedo a decir un “no” rotundo a las imposiciones de otros.

Cada día se conoce de incorrecciones e ingratitudes de personas en quienes se deposita la confianza para que administren negocios como jefes o ejecutivos de empresas e instituciones de mucho prestigio ganado a través de su correcto funcionamiento en el transcurso de los años y que  no corresponden a esa confianza depositada en ellos, al ejecutar actos de corrupción y de traición al dejarse influenciar mal por otras personas mal llamadas “amigos”.

Nunca es tarde para reconocer errores y para iniciar una nueva etapa practicando una forma correcta de actuar; pues, lo bueno hay que aprenderlo así sea del más infeliz y lo malo, hay que  rechazarlo de  plano, enérgicamente y no aceptarlo venga de quien venga.

Si no sabemos seleccionar a nuestras amistades, si no analizamos nuestros actos con detenimiento, prudentemente, podríamos caer en un hueco y hasta tocar fondo, de donde nos será muy difícil salir o levantarnos para volver a comenzar.

No debemos dejarnos timar ni seducir para realizar nuestros asuntos u obligaciones personales o en relación de dependencia; debemos actuar con valentía y sin renunciar nunca a nuestro destino y aspiraciones o sueños, para de esta manera conseguir nuestros más caros anhelos y llegar a ser verdaderamente felices y con la conciencia en paz y tranquila ante los ojos de Dios y de los hombres.

 

 
 
 
 

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